{"id":1155,"date":"2026-08-30T10:21:43","date_gmt":"2026-08-30T13:21:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/vida-desnuda-tove-ditlevsen_129_13474800.html"},"modified":"2026-08-30T10:21:43","modified_gmt":"2026-08-30T13:21:43","slug":"la-vida-desnuda-de-tove-ditlevsen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/?p=1155","title":{"rendered":"La vida desnuda de Tove Ditlevsen"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/a61c3065-2c55-4ee3-a08a-a9fd2fd4c572_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x212y98.jpg\"><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/a61c3065-2c55-4ee3-a08a-a9fd2fd4c572_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x212y98.jpg\" width=\"1200\" height=\"675\" alt=\"La vida desnuda de Tove Ditlevsen\"><\/p>\n<div class=\"subtitles\">\n<p class=\"subtitle\">La reciente llegada al espa\u00f1ol de \u00abTrilog\u00eda de Copenhague\u00bb recupera la obra de Tove Ditlevsen, una escritora danesa extraordinaria cuya vida y escritura estuvieron atravesadas por la pobreza, la literatura, la adicci\u00f3n y una sensibilidad feroz. Una lectura sobre la infancia, la fragilidad y el precio de vivir de forma intensa.\n<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"article-text\"> Una puede hacer dos cosas frente a la arbitrariedad del mundo editorial y su circulaci&oacute;n de traducciones: lamentarse por lo que no llega, o lo que tarda en llegar, o al menos agradecer que las exclusiones y las demoras permitan parad&oacute;jicas reivindicaciones que no hubieran sido posibles de otro modo. <strong>Tove Ditlevsen <\/strong>es un autora danesa nacida en 1917: la generaci&oacute;n de Muriel Spark, Clarice Lispector, Natalia Ginzburg o Marguerite Duras. Si su obra hubiera circulado en ingl&eacute;s o en espa&ntilde;ol tan tempranamente como la de las dem&aacute;s autoras que mencion&eacute;, yo probablemente jam&aacute;s habr&iacute;a reparado en ella. En cambio, como hace apenas siete a&ntilde;os lleg&oacute; al ingl&eacute;s, y reci&eacute;n el a&ntilde;o pasado al espa&ntilde;ol, puedo leer rese&ntilde;as y art&iacute;culos sobre esta escritora &ldquo;reci&eacute;n descubierta&rdquo;, desde el narcisismo de mi espa&ntilde;ol pluric&eacute;ntrico. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pas&eacute; dos viajes de seis horas en un micro de larga distancia (la ida desde Buenos Aires hasta Santa Fe Capital, y el correspondiente regreso) con la Trilog&iacute;a de Copenhague, que re&uacute;ne tres novelas autobiogr&aacute;ficas consecutivas publicadas por Ditlevsen: <em>Infancia<\/em>, <em>Juventud <\/em>y <em>Dependencia<\/em>. El estilo y el tono de Ditlevesen son absolutamente impresionantes: es una escritura viva, con un tono casi bipolar, sangu&iacute;neo o fr&iacute;o, nunca nada en el medio; fresco y eterno, con el &iacute;mpetu del ahora y la ambici&oacute;n de la posteridad. La voz de Ditlevsen, sobre todo, me llev&oacute; a repensar unas cuantas tonter&iacute;as actuales sobre &ldquo;lo solemne&rdquo; de las que estaba demasiado convencida sin ninguna justicia. &ldquo;Con la ma&ntilde;ana, llegaba la esperanza&rdquo;, escribe Ditlevsen para empezar <em>Infancia<\/em>, la memoria sobre su ni&ntilde;ez en una familia humilde en el barrio obrero de Vesterbro, Copenhague. Esa oraci&oacute;n tan ceremoniosa que parece de himno abre una reflexi&oacute;n pausada y espectacular sobre la aut&eacute;ntica intimidad, la de una madre y una hija que pasan juntas en el fondo no se conocen. Ditlevsen habla de la esperanza del silencio y el entendimiento, el momento en que su padre y su hermano se iban y ellas quedaban solas en la casa y parec&iacute;a que, si la peque&ntilde;a Tove lograba quedarse lo suficientemente quieta, hacerse lo suficientemente invisible, su madre olvidar&iacute;a la irritaci&oacute;n infinita que la ni&ntilde;a le produc&iacute;a por su sola existencia, y por un instante, por breve que fuera, el mundo ser&iacute;a un lugar luminoso y tranquilo para las dos. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Ese estilo bipolar, grandilocuente y a la vez modesto, dulce y &aacute;spero, cortante y blando, funciona no solo por razones estrictamente formales, sino porque est&aacute; cortado a medida para y por los grandes temas y las grandes tesis de Ditlevsen. &ldquo;La infancia es larga y estrecha como un ata&uacute;d, y no se puede escapar de ella sin ayuda&rdquo;, dir&aacute; unas p&aacute;ginas m&aacute;s tarde. Es tentador leer <em>Infancia<\/em> y entenderlo como un testimonio de lo oscuro que pod&iacute;a ser ser ni&ntilde;o (ser ni&ntilde;a, sobre todo) a principios del siglo XX, en una familia pobre, perseguida por el desempleo de un padre de izquierdas y la eterna frustraci&oacute;n de una madre que so&ntilde;aba una vida m&aacute;s f&aacute;cil. Es tentador, porque es cierto que hay algo testimonial en el relato de Ditlevsen: ella aspira, de hecho, a hablar no solo de su infancia, sino de la infancia en general, as&iacute; como aspira a descubrir verdades sobre la vida en general a partir de la observaci&oacute;n infinitamente l&uacute;cida y detallada de la suya propia, y lo hace. Ditlevsen relata las particularidades de su infancia y al mismo tiempo piensa sociol&oacute;gicamente cuando explica, desde la voz de su yo ni&ntilde;a, que ella ya sab&iacute;a que era una ni&ntilde;a afortunada porque su padre no beb&iacute;a y su madre no le pegaba demasiado fuerte. Empezaba a aparecer, t&iacute;midamente, esa idea de que una casa decente es una en la que al menos se intenta resguardar a los ni&ntilde;os de la inclemencia del mundo adulto, aunque ese intento se vea como muy m&iacute;nimo desde nuestra actualidad. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero aunque Ditlevsen est&eacute; dando un testimonio de &eacute;poca, entendemos sobre todo a partir del segundo tomo que tambi&eacute;n est&aacute; hablando de una vida y una subjetividad muy singulares. Tove Ditlevsen iba a convertirse, primero, en una escritora aclamada, y luego, como relata en <em>Dependencia<\/em>, el &uacute;ltimo y m&aacute;s desgarrador de los tomos, en una adicta (v&iacute;ctima de un marido m&eacute;dico que la inyectaba con diversos calmantes). En todo ese viaje de la pobreza al &eacute;xito y luego a la soledad m&aacute;s profunda podemos leer una continuidad. Ditlevsen nunca deja de ser esa ni&ntilde;a que deseaba al mismo tiempo el silencio y la atenci&oacute;n, la calma y la intensidad. Todo lo que le pasa, desde que es peque&ntilde;&iacute;sima hasta que se suicida a sus 59 a&ntilde;os, parece ser el resultado de un alma desnuda en un mundo demasiado violento: un alma desnuda que no quiso protegerse, porque esa hiper exposici&oacute;n a la existencia era su veneno, pero tambi&eacute;n el alimento de su escritura, lo &uacute;nico que la mantuvo viva el tiempo que tuvo. Es una vida intensa llena de sabidur&iacute;a pero sin lecciones ni aprendizajes, sin progresos: detenida en una conciencia exacerbada del vac&iacute;o y la angustia que no pudo domesticarse jam&aacute;s. Cuando llegaba al &uacute;ltimo tomo, tan duro que hay que leerlo frenando, no pude evitar pensar en Judith Shakespeare, esa hermana ficticia de William que Virginia Woolf invent&oacute; para explicar que una mujer con el talento y el hambre de Shakespeare en la &eacute;poca de Shakespeare hubiera terminado loca, desesperada y muerta. Cuatro siglos despu&eacute;s de Shakespeare, y cuatro d&eacute;cadas despu&eacute;s de Virginia Woolf, Tove Ditlevsen termin&oacute; igual. Lo extraordinario es que, a diferencia de Judith Shakespeare, e incluso a diferencia de la propia Woolf, cuya escritura p&uacute;blica fue infinitamente m&aacute;s contenida y distante de su propia experiencia, Ditlevsen vivi&oacute; poco, pero vivi&oacute; para contarlo. Es muy pero muy extra&ntilde;o que una persona con una sensibilidad tan desaforada, una mente tan sin bordes, para bien y para mal, tenga el control, la precisi&oacute;n y el arte para contar tan bien qu&eacute; se siente, ser as&iacute;, y cont&aacute;rnoslo a todos de manera tal que por un instante parece que ser&iacute;a imposible no ser as&iacute;, que esa forma intensa y terrible es la &uacute;nica manera de estar en el mundo. Leer la Trilog&iacute;a de Copenhague es, nada m&aacute;s y nada menos, presenciar ese milagro. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La reciente llegada al espa\u00f1ol de \u00abTrilog\u00eda de Copenhague\u00bb recupera la obra de Tove Ditlevsen, una escritora danesa extraordinaria cuya vida y escritura estuvieron atravesadas por la pobreza, la literatura, la adicci\u00f3n y una sensibilidad feroz. Una lectura sobre la infancia, la fragilidad y el precio de vivir de forma intensa. 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