{"id":1988,"date":"2026-09-13T10:07:22","date_gmt":"2026-09-13T13:07:22","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/pagar-tarjeta_129_13505842.html"},"modified":"2026-09-13T10:07:22","modified_gmt":"2026-09-13T13:07:22","slug":"pagar-la-tarjeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/?p=1988","title":{"rendered":"Pagar la tarjeta"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/d544dbff-6e98-4f43-b6f5-dedcdf2f4869_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\"><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/d544dbff-6e98-4f43-b6f5-dedcdf2f4869_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\" width=\"1200\" height=\"675\" alt=\"Pagar la tarjeta\"><\/p>\n<div class=\"subtitles\">\n<p class=\"subtitle\">M\u00e1s all\u00e1 de las cifras, la deuda se volvi\u00f3 una experiencia compartida entre ricos y pobres: la verg\u00fcenza del descenso social y el miedo a no sostener un nivel de vida.<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"article-text\"> Empec&eacute; a prestar atenci&oacute;n al asunto del endeudamiento personal mucho antes de que se empezara a discutir en Twitter o en los medios como problema pol&iacute;tico o econ&oacute;mico de escala. No por ser ninguna visionaria, pero los problemas de la vida real todav&iacute;a son problemas de la vida real, y si uno tiene amistades y c&iacute;rculos de intimidad y chusmer&iacute;o en el mundo de los &aacute;tomos, todav&iacute;a puede enterarse de cosas m&aacute;s all&aacute; de<em> los discursos<\/em>. Por supuesto: la evidencia anecd&oacute;tica no sirve para pensar si una situaci&oacute;n es realmente un problema econ&oacute;mico, si hace falta m&aacute;s regulaci&oacute;n o una pol&iacute;tica p&uacute;blica o un cambio normativo. Tampoco esas ser&iacute;an preguntas sobre las que yo tenga grandes recursos para decir algo original; para eso hay textos como <a href=\"https:\/\/todosobrelamora.vercel.app\/\" target=\"_blank\" data-mrf-recirculation=\"links-noticia\" class=\"link\">este informe que elabor&oacute; Mat&iacute;as Fern&aacute;ndez<\/a> a partir de la base de deudores, que circul&oacute; mucho en redes sociales, y tambi&eacute;n <a href=\"https:\/\/www.fundacionencuentro.com\/projects\/endeudamiento-en-los-hogares.-ingresos-estructura-social-y-empleo-en-los-hogares-que-se-endeudan-septiembre-2026?utm_source=chatgpt.com\" target=\"_blank\" data-mrf-recirculation=\"links-noticia\" class=\"link\">este otro de Fundaci&oacute;n Encuentro<\/a> elaborado con datos de la EPH; los le&iacute; para entender un poco m&aacute;s la realidad y la escala del problema, pero no podr&iacute;a criticarlos o responderlos. En cualquier caso, lo que me interesa desde mi humilde y cuasi hippie punto de vista de columnista literaria es pensar si en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, m&aacute;s all&aacute; de los cambios en la cantidad de gente que toma deuda (y, sobre todo, la que toma deudas que no puede pagar), se produjeron tambi&eacute;n cambios en nuestras maneras de pensar, conversar y vivir la deuda.&nbsp; <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Dije al principio de este texto, antes de empezar a atajarme sobre mi propia ignorancia, que llegu&eacute; a esta cuesti&oacute;n a partir de conversaciones en el mundo real. Cuando hablo del mundo real, por supuesto, estoy hablando de la gente que me rodea a m&iacute;, que en general es de determinada clase social, con excepciones notables hacia arriba y hacia abajo. Esto es lo primero que me llam&oacute; la atenci&oacute;n sobre el asunto de la deuda, y creo que explica gran parte del peso del tema en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica: la gente endeudada que conozco es rica y pobre, y por lo que pude leer, la evidencia corrobora esa apreciaci&oacute;n anecd&oacute;tica. Endeudarse no es de pobre, ni de rico, ni de clasemediero: es de cualquiera, y sobre todo en una econom&iacute;a acostumbrada a que a las cuotas &ldquo;se las coma la inflaci&oacute;n&rdquo;. Por supuesto esas deudas no son todas iguales; no es lo mismo endeudarse con un banco que con un prestamista informal, ni es lo mismo endeudarse para comer que para pagar el colegio lo para sostener un nivel de vida lujoso que en el fondo no se tienen los medios para sostener. Lo que s&iacute; pienso es que hay algo de la sensaci&oacute;n que es parecido: lo oigo en conversaciones en personas con niveles de ingreso muy diferentes, que sin embargo parecen hermanarse en el padecimiento de &ldquo;pagar la tarjeta&rdquo;. Las clases medias y medias altas sentimos que entendemos la pobreza cuando sufrimos por tener que hacer pagos que pospusimos imaginando que el mes que viene ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil, o cuando nos cuesta sostener un consumo que ya dimos por hecho como parte de nuestra cotidianidad; sobre todo cuando se trata de consumos que no es tan f&aacute;cil resignar, como el colegio privado o el auto, cosas que se sienten como un cambio en el nivel de vida, un aut&eacute;ntico descenso social, y no &ldquo;un gustito&rdquo;. Es probable que no sea cierta esa supuesta empat&iacute;a con la pobreza. Es como la canci&oacute;n de Pulp, &ldquo;Common People&rdquo;: es imposible imaginar la posibilidad de quedar en la calle si siempre en el fondo vas a tener un ahorro o una familia que pueda salvarte las papas. Eso no hace que el descenso social sea menos cierto, ni menos vergonzante.&nbsp; <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Lo segundo que me llam&oacute; la atenci&oacute;n fue la situaci&oacute;n de la juventud, que en todos los textos que abordan el tema est&aacute; mucho m&aacute;s endeudada (y en situaci&oacute;n de morosidad) que hace unos a&ntilde;os, y lo traigo a colaci&oacute;n porque reci&eacute;n habl&eacute; de la verg&uuml;enza. En lo que pude leer se destacan dos grupos de gente endeudada: la gente que convive con hijos, por un lado, y la gente joven, por el otro. Son dos grupos que una tender&iacute;a a pensar que se endeudan por razones muy distintas, pero creo que tienen algo en com&uacute;n: la verg&uuml;enza no solo de deber plata y no tener para pagarla, sino una verg&uuml;enza anterior, la de verse obligado a reducir un consumo. Pienso, y esto es otra vez, una mezcla de mis intuiciones y la evidencia variopinta que veo a mi alrededor, que los padres de ni&ntilde;os y los j&oacute;venes son los que se sienten m&aacute;s &ldquo;observados&rdquo; en t&eacute;rminos de sus consumos: los padres de ni&ntilde;os, por sus hijos, a los que es doloroso explicarles que uno ya no les puede pagar el colegio o la colonia o la salida, y los j&oacute;venes, por sus pares y por su propia autoestima, en una sociedad cada vez m&aacute;s organizada en torno de la ostentaci&oacute;n y la plata que se tiene y se gasta como &uacute;nica medida del valor subjetivo. No digo que no sea cierto lo de que falta &ldquo;educaci&oacute;n financiera&rdquo;; tambi&eacute;n est&aacute; la cuesti&oacute;n de las apuestas y el hecho de que quien nunca tuvo que ir al banco f&iacute;sicamente a pedir un pr&eacute;stamo pueda no entender del todo, al momento de tomar una deuda, que el asunto es m&aacute;s que un jueguito de un clic o dos. Pero sigo pensando que el foco est&aacute; mucho m&aacute;s en esto que se&ntilde;alo, la dificultad y el dolor que implica el descenso social; quienes hablan de &ldquo;achicarse&rdquo; con excesiva facilidad o bien nunca lo han hecho, o bien tienen subjetividades construidas en &eacute;pocas mucho menos consumistas que esta. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Y lo tercero que me interes&oacute; de esta conversaci&oacute;n, y lo &uacute;ltimo que tengo para decir, es la cuesti&oacute;n &eacute;tica, o m&aacute;s bien, quiz&aacute;s, la cuesti&oacute;n est&eacute;tica. Volv&iacute; acordarme de esto por la cuesti&oacute;n de las subjetividades: parece haber una disputa ideol&oacute;gica pero sobre todo quiz&aacute;s estil&iacute;stica entre quienes aman el mundo financiero y quienes lo detestan; quienes creen que &ldquo;tener pesos&rdquo; es terrible porque se te deval&uacute;an en las manos (y piensan que &ldquo;educaci&oacute;n financiera&rdquo; es &ldquo;tener todo invertido&rdquo; aunque sea plata que vas a usar en 10 d&iacute;as) y quienes piensan que hay alguna virtud moral en no usar la tarjeta de cr&eacute;dito incluso cuando sea la opci&oacute;n m&aacute;s econ&oacute;micamente racional. Supongo que los j&oacute;venes son mucho m&aacute;s permeables a este tipo de grietas emocionales que las personas que ya han navegado infinitas crisis y saben que, al final, las deudas hay que pagarlas; que los problemas de &ldquo;mi yo del futuro&rdquo; eventualmente te encuentran.&nbsp; <\/p>\n<p class=\"article-text\"> En todo caso, creo que la cuesti&oacute;n del endeudamiento es de esos problemas que los gur&uacute;s de internet quieren convencerte que son problemas de educaci&oacute;n, problemas que se resuelven con cursos, pero va mucho m&aacute;s all&aacute; de eso; va tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de la gente que se endeuda para comer, porque no toda la gente que est&aacute; endeudada se endeuda para comer. Pienso, tambi&eacute;n, en las historias que recientemente circularon sobre deudores que se deprimen y llegan incluso a quitarse la vida; historias que no son nuevas, pero que parecen estar dando vueltas en los medios y en las conversaciones cotidianas cada vez m&aacute;s, como balas que pican cerca. Si es uno de los grandes temas de la agenda hoy (y, me atrevo a adelantar, de las pr&oacute;ximas elecciones), es porque nos hace chocar con nuestras ideas y convicciones m&aacute;s &iacute;ntimas sobre lo que esperamos del futuro, el ascenso y el descenso de nuestros niveles de vida, lo que nuestros consumos dicen sobre nosotros mismos y, quiz&aacute;s, sobre todo, lo que pensamos que esos consumos les muestran a otros. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> <em>TT\/MG<\/em> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s all\u00e1 de las cifras, la deuda se volvi\u00f3 una experiencia compartida entre ricos y pobres: la verg\u00fcenza del descenso social y el miedo a no sostener un nivel de vida. 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