{"id":2326,"date":"2026-09-19T00:01:37","date_gmt":"2026-09-19T03:01:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/bronca-forma-politica_129_13522090.html"},"modified":"2026-09-19T00:01:37","modified_gmt":"2026-09-19T03:01:37","slug":"la-bronca-como-forma-de-hacer-politica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/?p=2326","title":{"rendered":"La bronca como forma de hacer pol\u00edtica"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/ef4cc393-953f-4a5a-96cb-75afb9bb6383_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1041y355.jpg\"><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/ef4cc393-953f-4a5a-96cb-75afb9bb6383_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1041y355.jpg\" width=\"1200\" height=\"675\" alt=\"La bronca como forma de hacer pol\u00edtica\"><\/p>\n<div class=\"subtitles\">\n<p class=\"subtitle\">Milei convirti\u00f3 el enojo social en una fuente de legitimidad pol\u00edtica al presentar la expresi\u00f3n sin filtros como una forma de autenticidad. Ahora, la oposici\u00f3n busca disputar ese territorio: la \u201cMarcha de la Bronca\u201d pone en escena una pregunta central de la pol\u00edtica argentina actual: qui\u00e9n logra convertir el malestar en una causa y hacer que su bronca sea reconocida como justa.\n<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"article-text\"> Javier Milei lleg&oacute; al poder conectando emocionalmente con una parte de una sociedad enojada, cansada y frustrada. Oficialistas y opositores, desde lugares muy distintos, coinciden en eso. Unos celebran esa conexi&oacute;n como una forma de autenticidad; otros la denuncian como manipulaci&oacute;n. El propio Milei reivindic&oacute; siempre esa lectura sobre s&iacute; mismo, la de alguien que vino a decir aquello que mucha gente sent&iacute;a y que no pod&iacute;a, o no se animaba, a decir. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Sin embargo, ambas interpretaciones parten de un supuesto parecido. Las emociones ser&iacute;an algo que la pol&iacute;tica utiliza, una suerte de recurso para convencer, movilizar o fidelizar votantes. Tal vez all&iacute; haya un equ&iacute;voco. La pol&iacute;tica siempre estuvo atravesada por emociones y ninguna democracia consigui&oacute; prescindir de ellas. Uno de los aspectos novedosos del fen&oacute;meno Milei no fue haber llevado las emociones a la pol&iacute;tica sino haber modificado el lugar que ocupan dentro de la legitimidad pol&iacute;tica. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Durante buena parte de la modernidad, gobernar implicaba tambi&eacute;n controlar los cuerpos, las palabras, los impulsos y las emociones. Norbert Elias mostr&oacute; c&oacute;mo la modernidad occidental estuvo acompa&ntilde;ada por un largo proceso de autocontrol emocional y de incorporaci&oacute;n de reglas de civilidad. Las instituciones democr&aacute;ticas se construyeron, en buena medida, sobre una idea sencilla, aunque no siempre expl&iacute;cita, seg&uacute;n la cual aquello que sentimos debe atravesar alguna forma de mediaci&oacute;n antes de convertirse en acci&oacute;n p&uacute;blica. Las leyes, los partidos, los procedimientos, los expertos, la burocracia e incluso ciertas formas de cortes&iacute;a cumpl&iacute;an esa funci&oacute;n. No se trataba de eliminar las pasiones, sino de encauzarlas y transformarlas en decisiones capaces de ser compartidas con otros. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Milei parece haber invertido esa relaci&oacute;n. En su caso, la exhibici&oacute;n de las emociones sin filtros puede convertirse en una fuente de legitimidad. El enojo no necesita moderarse para resultar cre&iacute;ble; muchas veces ocurre exactamente lo contrario. Cuanto menos elaborado aparece, m&aacute;s aut&eacute;ntico parece. Sus insultos, sus gritos, sus l&aacute;grimas, sus peleas en las redes, la exposici&oacute;n de su vida privada o la centralidad de sus v&iacute;nculos personales no funcionan necesariamente como desbordes que deber&iacute;an ser corregidos, sino como pruebas de que all&iacute; hay alguien que no oculta lo que siente y que eso es lo verdadero. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Frases como &ldquo;&eacute;l es as&iacute;&rdquo;, &ldquo;no tiene filtros&rdquo; o &ldquo;dice lo que piensa&rdquo; dejaron de describir solamente una personalidad para convertirse en una manera de hacer pol&iacute;tica. Pablo Sem&aacute;n propuso una imagen particularmente elocuente para entender este fen&oacute;meno. Milei fue, para una parte de la sociedad, algo parecido al grito que ya estaba dentro de mucha gente antes de que &eacute;l lo pronunciara. Un sector encontr&oacute; en &eacute;l a alguien dispuesto a decir, sin editar, sensaciones de frustraci&oacute;n, desconfianza, humillaci&oacute;n acumulada y orfandad de representaci&oacute;n que durante mucho tiempo no hab&iacute;an encontrado un lenguaje pol&iacute;tico capaz de expresarlas. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Quiz&aacute;s all&iacute; se encuentre una de las claves para entender el atractivo contempor&aacute;neo de las nuevas derechas. No prometen solamente menos Estado sino que presagian menos intermediarios entre el individuo y el mundo. En ese sentido, existe una continuidad entre el programa econ&oacute;mico del libertarismo y esta nueva gram&aacute;tica afectiva. Ambos desconf&iacute;an de las instancias que se interponen entre el individuo y aquello que considera propio, ya sea el mercado, la pol&iacute;tica o sus propios sentimientos. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero hay algo m&aacute;s que resulta decisivo. La emoci&oacute;n por s&iacute; sola nunca alcanza para producir legitimidad. No cualquier enojo es considerado justo ni cualquier forma de expresarlo consigue ser aceptada. Para convertirse en una emoci&oacute;n pol&iacute;ticamente poderosa, la bronca necesita inscribirse en una determinada idea de lo que es injusto, intolerable o digno de ser reparado. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Eso es lo que ocurri&oacute; con Milei. Su enojo contra &ldquo;la casta&rdquo;, los &ldquo;vagos&rdquo;, los &ldquo;ladrones&rdquo; o los &ldquo;zurdos&rdquo; no aparec&iacute;a simplemente como la expresi&oacute;n de un temperamento. Se presentaba como una respuesta frente a una injusticia anterior. Detr&aacute;s de la bronca hab&iacute;a una determinada idea de justicia, asociada al m&eacute;rito, al esfuerzo, a la libertad y al rechazo de los privilegios. La emoci&oacute;n encontraba as&iacute; un marco moral que permit&iacute;a comprenderla y, para sus seguidores, legitimarla. El desborde pod&iacute;a ser le&iacute;do como sinceridad porque aparec&iacute;a ligado a una causa considerada justa. <\/p>\n<h2 class=\"article-text\">La bronca como espejo<\/h2>\n<p class=\"article-text\"> Por eso resulta interesante mirar qu&eacute; ocurre ahora en el campo opositor. Este s&aacute;bado una convocatoria bautizada &ldquo;Marcha de la Bronca&rdquo; recorrer&aacute; varias ciudades del pa&iacute;s. Surgida de asambleas y coordinadoras impulsadas por el Frente de Izquierda y sindicatos combativos, fue incorporando a organismos de derechos humanos, agrupaciones estudiantiles, feministas y jubilados autoconvocados. La movilizaci&oacute;n llega despu&eacute;s de una jornada previa que sus organizadores presentan como decisiva para que el Gobierno retirara un proyecto de ley. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> A primera vista, parece la escena inversa de la que ven&iacute;amos describiendo. Una parte de la sociedad est&aacute; enojada con Milei, no por Milei. Pero quiz&aacute;s convenga mirarla con el mismo lente. El nombre elegido no es un detalle. No se llama &ldquo;marcha por el salario&rdquo; ni &ldquo;jornada de protesta&rdquo;. Se llama marcha de la <em>bronca<\/em>. Una emoci&oacute;n se convierte en el nombre mismo de una acci&oacute;n pol&iacute;tica. Tambi&eacute;n aqu&iacute; aparece una desconfianza hacia los intermediarios tradicionales. Sus impulsores llaman a no esperar los tiempos de la CGT, a la que cuestionan por su pasividad, ni los c&aacute;lculos electorales del peronismo, al que reprochan negociar con el Gobierno. La consigna es organizar el enojo &ldquo;desde abajo&rdquo;. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero hay una diferencia importante y all&iacute; aparece, quiz&aacute;s, la cuesti&oacute;n central. Si la bronca necesita de un marco moral para volverse leg&iacute;tima, &iquest;qu&eacute; es aquello que permite que esta bronca pueda ser reconocida como justa? En este caso, el malestar se inscribe en una determinada experiencia de la injusticia. La ca&iacute;da del salario real, el endeudamiento familiar, los despidos, el cierre de peque&ntilde;as empresas y el deterioro de las condiciones de vida aparecen como razones que permiten transformar un estado de &aacute;nimo en una demanda. La bronca no se presenta simplemente como bronca sino como una respuesta frente a algo que se considera injusto. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> No hace falta suponer que existe un consenso absoluto alrededor de esa idea de justicia. Basta con advertir que hay valores y experiencias capaces de hacer que un sentimiento deje de ser puramente individual y pueda convertirse en una causa p&uacute;blica. El salario, el trabajo, las condiciones de vida, la defensa de ciertos derechos pueden funcionar, para distintos sectores sociales, como ese lenguaje com&uacute;n que permite decir que una bronca no es solamente una bronca, sino la reacci&oacute;n frente a algo que no deber&iacute;a estar ocurriendo. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Y aqu&iacute; aparece algo m&aacute;s interesante todav&iacute;a. La disputa pol&iacute;tica parece consistir cada vez menos solamente en qui&eacute;n tiene el mejor programa o qui&eacute;n representa mejor una determinada identidad ideol&oacute;gica. Tambi&eacute;n consiste en qui&eacute;n consigue ponerle nombre al malestar de una &eacute;poca y convertirlo en una causa. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Todos estos componentes nos permiten pensar que la pol&iacute;tica argentina parece atravesar as&iacute; una transformaci&oacute;n profunda. Las emociones dejaron de ser aquello que la pol&iacute;tica deb&iacute;a moderar o mantener bajo control para convertirse en una de las principales fuentes de legitimidad. La autenticidad emocional adquiri&oacute; un valor pol&iacute;tico propio y, con ella, tambi&eacute;n gan&oacute; importancia la capacidad de ponerle un nombre al malestar, de expresar aquello que otros sienten y de convertir esa experiencia en una causa colectiva. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Milei entendi&oacute; esta transformaci&oacute;n antes que muchos de sus adversarios. Su innovaci&oacute;n no consisti&oacute; en descubrir que la gente estaba enojada, sino en convertir ese enojo en una forma de autoridad pol&iacute;tica. Si lo siento, puedo decirlo; si puedo decirlo sin filtros, entonces estoy diciendo una verdad que otros ocultan. Durante estos &uacute;ltimos tres a&ntilde;os, esa operaci&oacute;n le permiti&oacute; ocupar un lugar privilegiado en la representaci&oacute;n del malestar social. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero una vez que esa forma de hacer pol&iacute;tica se instala, deja de pertenecer exclusivamente a quien consigui&oacute; imponerla. La desintermediaci&oacute;n se vuelve una regla disponible para otros actores y la bronca puede comenzar a circular en distintas direcciones, buscando qui&eacute;n consiga darle una forma reconocible y pol&iacute;ticamente eficaz. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Ah&iacute; aparece una cuesti&oacute;n que quiz&aacute;s sea central para comprender la disputa que se abre. La fuerza pol&iacute;tica de una emoci&oacute;n no depende solamente de su intensidad ni de la capacidad de expresarla sin filtros. Depende tambi&eacute;n de las razones que una sociedad est&aacute; dispuesta a reconocer detr&aacute;s de ella. La bronca necesita apoyarse en alguna idea de justicia, en una experiencia compartida de aquello que se considera injusto, intolerable o digno de ser reparado. Es ese pasaje el que transforma un sentimiento en una demanda y una demanda en una causa pol&iacute;tica. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> La disputa que viene puede ser, entonces, menos una disputa por qui&eacute;n consigue expresar m&aacute;s bronca que por qui&eacute;n logra construir alrededor de ella una interpretaci&oacute;n convincente de la realidad. Qui&eacute;n puede decir qu&eacute; est&aacute; pasando, qui&eacute;nes son los responsables, qu&eacute; merece ser reparado y qu&eacute; idea de justicia permite reunir experiencias individuales dispersas en una experiencia colectiva. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> En ese sentido, la cuesti&oacute;n decisiva quiz&aacute;s no sea qui&eacute;n tiene m&aacute;s derecho a enojarse, sino qui&eacute;n consigue que su bronca sea reconocida como justa. &iquest;En qu&eacute; marco moral logra encuadrar el enojo? La batalla medi&aacute;tica es instalar ese marco moral desde el cual las expresiones &ldquo;sin filtro&rdquo; nos interpelan. Porque cuando una sociedad acepta que una emoci&oacute;n expresa una injusticia, esa emoci&oacute;n deja de pertenecer solamente a quien la siente. Se vuelve lenguaje pol&iacute;tico, forma de representaci&oacute;n y, eventualmente, una manera de disputar el poder. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> <em>Santiago Canevaro es Investigador adjunto&nbsp;del Consejo Nacional de Investigaciones Cient&iacute;ficas y T&eacute;cnicas de Argentina (CONICET). Doctor en Ciencias Sociales, mag&iacute;ster en Antropolog&iacute;a Social (IDAES\/UNSAM) y soci&oacute;logo por la UBA.<\/em> <\/p>\n<p class=\"article-text\"> <span class=\"highlight\" style=\"--color:transparent\"><em>Mar&iacute;a Victoria Castilla es Licenciada en Antropolog&iacute;a (UNLP), mag&iacute;ster en Ciencias Sociales (FLACSO-M&eacute;xico) y Doctora en Antropolog&iacute;a (CIESAS-DF). Investigadora independiente del CONICET y docente de grado y posgrado en UNSAM-UNLAM.<\/em><\/span> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Milei convirti\u00f3 el enojo social en una fuente de legitimidad pol\u00edtica al presentar la expresi\u00f3n sin filtros como una forma de autenticidad. 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