{"id":3761,"date":"2026-10-12T08:34:31","date_gmt":"2026-10-12T11:34:31","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/sociedad\/pastillas-realidad-dia-dia-medicacion-depresion_129_13499213.html"},"modified":"2026-10-12T08:34:31","modified_gmt":"2026-10-12T11:34:31","slug":"entre-pastillas-y-realidad-mi-dia-a-dia-con-la-medicacion-para-la-depresion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/?p=3761","title":{"rendered":"Entre pastillas y realidad: mi d\u00eda a d\u00eda con la medicaci\u00f3n para la depresi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/148006cf-d469-4b72-9cca-9f140c1549e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x453y335.jpg\"><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/148006cf-d469-4b72-9cca-9f140c1549e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x453y335.jpg\" width=\"1200\" height=\"675\" alt=\"Entre pastillas y realidad: mi d\u00eda a d\u00eda con la medicaci\u00f3n para la depresi\u00f3n\"><\/p>\n<div class=\"subtitles\">\n<p class=\"subtitle\">Una mujer describe el impacto cotidiano de vivir bajo un tratamiento combinado de antidepresivos, ansiol\u00edticos e hipn\u00f3ticos y el ritmo de vida de una persona con ansiedad y depresi\u00f3n. M\u00e1s de la mitad de los j\u00f3venes en Espa\u00f1a (el 54,7%) afirma haber tenido problemas de salud mental en el \u00faltimo a\u00f1o<\/p>\n<p class=\"subtitle\">\u201cSanar\u201d, \u201csoltar\u201d, \u201catraer abundancia\u201d: el negocio de las terapias sin t\u00edtulo ni matr\u00edcula\n<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"article-text\"> Cuando suena la alarma por la ma&ntilde;ana, mi primer pensamiento no es qu&eacute; voy a desayunar o qu&eacute; tengo que hacer en clase o en el trabajo. Mi primer pensamiento es cu&aacute;nto pesa mi cuerpo. Es un peso real, f&iacute;sico, como si las s&aacute;banas estuvieran hechas de cemento. No es pereza, es algo mucho m&aacute;s profundo que viene de toda la medicaci&oacute;n que me tom&eacute; el d&iacute;a anterior y, sobre todo, del hipn&oacute;tico que me ayud&oacute; a &ldquo;desconectarme&rdquo; por la noche. Me quedo ah&iacute; un rato, mirando a la nada, intentando que mis m&uacute;sculos respondan. Hay ma&ntilde;anas en las que siento que soy un motor viejo que arranca a tirones y le cuesta la vida ponerse en marcha y otras, pocas, en las que parece que la medicaci&oacute;n por fin hace lo que debe y se enciende una luz que me permite funcionar. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Pero lo normal es ese inicio lento. Me levanto sin fuerzas, con la sensaci&oacute;n de que todav&iacute;a no he terminado de despertarme del todo. Es como si una parte de m&iacute; se hubiera quedado atrapada en el sue&ntilde;o qu&iacute;mico de la noche anterior. Voy al ba&ntilde;o, me lavo la cara y me miro al espejo, pero a veces me cuesta reconocerme en esos ojos que parecen estar siempre un poco empa&ntilde;ados. Es la rutina de empezar el d&iacute;a a contracorriente, intentando alcanzar un ritmo que el resto del mundo ya ha alcanzado hace horas. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Y lo m&aacute;s duro es saber que no soy una excepci&oacute;n, sino parte de una generaci&oacute;n exhausta: seg&uacute;n los &uacute;ltimos datos del Bar&oacute;metro Juventud, Salud y Bienestar, m&aacute;s de la mitad de los j&oacute;venes en Espa&ntilde;a (el 54,7%) afirma haber tenido problemas de salud mental en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. No es un caso aislado, es una crisis colectiva; de hecho, el Informe Juventud en Espa&ntilde;a alerta de que la tasa de problemas psicol&oacute;gicos en j&oacute;venes de entre 15 y 34 a&ntilde;os ha crecido un 590%, recientemente. Este despertar mediado por la qu&iacute;mica es, en silencio, la realidad compartida de miles de j&oacute;venes en nuestro pa&iacute;s. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> En Argentina, las internaciones por salud mental en el sistema p&uacute;blico subieron 42% desde 2023 y las consultas ambulatorias 23% en el &uacute;ltimo a&ntilde;o, seg&uacute;n el 2&ordm; Informe Federal de Salud Mental que coordin&oacute; la Universidad Nacional de Lan&uacute;s. <\/p>\n<blockquote class=\"quote\">\n<div class=\"quote-wrapper\">\n<div class=\"first-quote\"><\/div>\n<p class=\"quote-text\">Voy al ba\u00f1o, me lavo la cara y me miro al espejo, pero a veces me cuesta reconocerme en esos ojos que parecen estar siempre un poco empa\u00f1ados. Es la rutina de empezar el d\u00eda a contracorriente, intentando alcanzar un ritmo que el resto del mundo ya ha pillado hace horas<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<h2 class=\"article-text\"><strong>La &lsquo;vida en pausa&rsquo;<\/strong><\/h2>\n<p class=\"article-text\"> Una vez que consigo salir de casa, empieza lo que yo llamo la &ldquo;vida en pausa&rdquo;. Es una sensaci&oacute;n rar&iacute;sima. Yo soy consciente de todo lo que pasa a mi alrededor: veo a la gente correr para tomar el autob&uacute;s, escucho las conversaciones en la calle, veo el movimiento de la tienda&#8230; pero no conecto. Siento que estoy en una burbuja donde el sonido llega amortiguado y nada me toca de verdad y eso me genera una impotencia incre&iacute;ble. Es como si yo estuviera quieta, en un punto muerto, mientras mi mundo sigue girando a toda velocidad. No soy capaz de procesar las cosas con la rapidez que se espera de m&iacute;. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> A veces alguien me cuenta algo importante, algo que deber&iacute;a hacerme reaccionar, y yo me quedo ah&iacute;, procesando las palabras como si me estuvieran hablando en otro idioma. No es que no me importe, es que mi cerebro est&aacute; trabajando bajo el efecto de los ansiol&iacute;ticos y todo va m&aacute;s despacio. Esa falta de conexi&oacute;n me hace sentir muy sola, incluso cuando estoy rodeada de gente. Me pregunto si ellos notan que no estoy &ldquo;ah&iacute;&rdquo;, si se dan cuenta de que mi mirada est&aacute; perdida en alg&uacute;n punto entre lo que dicen y lo que yo soy capaz de entender. Es como vivir con un desfase constante entre la realidad y mi cabeza. <\/p>\n<blockquote class=\"quote\">\n<div class=\"quote-wrapper\">\n<div class=\"first-quote\"><\/div>\n<p class=\"quote-text\">A veces alguien me cuenta algo importante, algo que deber\u00eda hacerme reaccionar, y yo me quedo ah\u00ed, procesando las palabras como si me estuvieran hablando en otro idioma. No es que no me importe, es que mi cerebro est\u00e1 trabajando bajo el efecto de los ansiol\u00edticos y todo va m\u00e1s despacio. Esa falta de conexi\u00f3n me hace sentir muy sola, incluso cuando estoy rodeada de gente<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<h2 class=\"article-text\"><strong>El precio de querer seguir <\/strong><\/h2>\n<p class=\"article-text\"> Todo empez&oacute; con una lesi&oacute;n en la espalda que, de la noche a la ma&ntilde;ana, paraliz&oacute; mi vida por completo durante meses. Estaba intentando lidiar con la frustraci&oacute;n de perder mi rutina cuando me tuvieron que operar de las muelas del juicio. Estaba en plena recuperaci&oacute;n f&iacute;sica cuando, a la semana, falleci&oacute; mi abuelo, y apenas unos d&iacute;as despu&eacute;s se termin&oacute; mi relaci&oacute;n de pareja. Fue una avalancha de dolor f&iacute;sico, p&eacute;rdida y estr&eacute;s emocional en muy poco tiempo. Mi cuerpo y mi mente no pudieron soportar tanta presi&oacute;n de golpe; me hund&iacute; an&iacute;micamente, la ansiedad se dispar&oacute; y perd&iacute; por completo la capacidad de dormir. Por eso, a principios de enero de 2026, tuve que empezar esta medicaci&oacute;n: Zolpidem, Rivotril y Fluoxetina prescritas por un m&eacute;dico. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Aceptar que mi vida depend&iacute;a de unas pastillas fue uno de los tragos m&aacute;s amargos que he tenido que pasar. Al principio me negaba, pensaba que era una se&ntilde;al de debilidad o que me estaba convirtiendo en una especie de robot. Pero luego me par&eacute; a pensar con calma. Entend&iacute; que no quer&iacute;a estar medicada el resto de mi vida, pero que quer&iacute;a vivir el resto de mi vida y, si para eso ten&iacute;a que aceptar este proceso, lo iba a hacer. Fue una decisi&oacute;n de supervivencia. No me gusta tomarme todo esto, es que s&eacute; que, sin toda la medicaci&oacute;n, el pozo ser&iacute;a demasiado hondo como para salir sola. Y es una red de seguridad que sostiene a muchas m&aacute;s mujeres que a hombres: los datos reflejan que en Espa&ntilde;a el 10% de la poblaci&oacute;n sufre ansiedad, pero la incidencia en mujeres duplica a la de los hombres. Somos mayor&iacute;a las que libramos esta batalla. <\/p>\n<blockquote class=\"quote\">\n<div class=\"quote-wrapper\">\n<div class=\"first-quote\"><\/div>\n<p class=\"quote-text\">Entend\u00ed que no quer\u00eda estar medicada el resto de mi vida, pero que quer\u00eda vivir el resto de mi vida y, si para eso ten\u00eda que aceptar este proceso, lo iba a hacer<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<p class=\"article-text\"> Aun as&iacute;, el proceso es duro. Estar en este estado de &ldquo;pausa&rdquo; constante te quita muchas cosas. Hay d&iacute;as en los que me siento totalmente plana, como si mis emociones estuvieran atrapadas y yo hubiera dejado de poder sentirlas. No siento alegr&iacute;a, pero tampoco una tristeza insoportable&#8230; hasta que, de repente, todo explota. Puedo estar horas sin sentir absolutamente nada y, de la nada, empezar a llorar sin saber por qu&eacute; sin que haya pasado nada concreto. Es como si mi cuerpo necesitara soltar todas las emociones y sentimientos que la medicaci&oacute;n mantiene alejada de m&iacute; durante el d&iacute;a. Es un llanto que me deja agotada, sin fuerzas para nada, y que me recuerda que, aunque est&eacute; medicada, el dolor sigue presente. <\/p>\n<h2 class=\"article-text\"><strong>La lucha contra el silencio mental<\/strong><\/h2>\n<p class=\"article-text\"> Cuando por fin termina el d&iacute;a y llego a casa, aparece el miedo a la noche. La gente piensa que, con toda la medicaci&oacute;n que tomo, dormir es f&aacute;cil, pero para nada. Mi cabeza es mi peor enemiga cuando intento dormir. Empieza a darle vueltas a todo: a lo que hice mal, a lo que no hice, a lo que me da miedo del futuro&#8230; Es una lucha constante. Mi mente se resiste a apagarse, pelea contra el efecto de la pastilla como si le fuera la vida en ello y es una sensaci&oacute;n de angustia muy fuerte. Quiero dormir, necesito descansar, pero mis pensamientos son como un ruido de est&aacute;tica que no me deja en paz. Y parece que este ruido mental colectivo va en aumento, pues la demanda de antidepresivos en las farmacias, seg&uacute;n el Observatorio de Tendencias de Cofares, se ha disparado un 24% en el &uacute;ltimo a&ntilde;o. Cada vez somos m&aacute;s las mentes que necesitan un freno de mano externo. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Al final la qu&iacute;mica siempre gana. Por mucho que mi ansiedad intente mantenerme despierta, llega un momento en que el hipn&oacute;tico hace su efecto. No es un sue&ntilde;o bonito ni natural. Es como si alguien me diera un golpe y me apagara al instante. Me rindo porque no me queda otra, porque mi cuerpo ya no puede m&aacute;s. Es una desconexi&oacute;n forzosa que me lleva a ese vac&iacute;o negro hasta la ma&ntilde;ana siguiente, cuando la alarma vuelve a sonar y el ciclo de pesadez y falta de fuerzas empieza otra vez desde cero. <\/p>\n<h2 class=\"article-text\"><strong>El miedo a lo que vendr&aacute; despu&eacute;s<\/strong><\/h2>\n<p class=\"article-text\"> Vivir as&iacute; te hace plantearte muchas cosas sobre el futuro. Tengo miedos, demasiados. Me da miedo pensar que no voy a ser capaz de superar esto nunca, que esta versi&oacute;n de m&iacute;, a medias y medicada, es la que se va a quedar para siempre. Me aterra perderme los mejores a&ntilde;os de mi vida por estar en este estado de somnolencia constante y no saber qui&eacute;n soy yo realmente sin todos estos f&aacute;rmacos. A veces trato de recordar c&oacute;mo era antes de todo esto, pero me cuesta, como si esa versi&oacute;n de m&iacute; fuera un personaje de una pel&iacute;cula que vi hace mucho tiempo y no soy capaz de recordar con claridad. <\/p>\n<blockquote class=\"quote\">\n<div class=\"quote-wrapper\">\n<div class=\"first-quote\"><\/div>\n<p class=\"quote-text\">Tengo miedos, demasiados. Me da miedo pensar que no voy a ser capaz de superar esto nunca. Me aterra perderme los mejores a\u00f1os de mi vida<\/p>\n<\/p><\/div>\n<\/blockquote>\n<p class=\"article-text\"> Pero tambi&eacute;n tengo el miedo contrario: el miedo a dejar las pastillas. &iquest;Y si las dejo y descubro que no puedo manejar la realidad? &iquest;Y si el abismo que me trajo hasta aqu&iacute; sigue igual de profundo y me caigo otra vez? Es un equilibrio muy precario. Por un lado, quiero mi libertad, pero, por otro, me da p&aacute;nico lo que pueda pasar si me quitan esta red de seguridad. Es una sensaci&oacute;n de dependencia que me hace sentir peque&ntilde;a, pero soy consciente de que todo esto es un proceso y que no puedo saltarme pasos. <\/p>\n<h2 class=\"article-text\"><strong>Una carrera de fondo sin meta clara<\/strong><\/h2>\n<p class=\"article-text\"> A pesar de todo lo malo, trato de ser positiva, aunque sea por puro agotamiento. S&eacute; que el hecho de estar escribiendo esto, de ser capaz de analizar c&oacute;mo me siento, ya es un paso. La medicaci&oacute;n me tiene en pausa, s&iacute;, pero esa pausa tambi&eacute;n me est&aacute; dando el tiempo necesario para recomponerme por dentro, aunque sea muy despacio. No es el camino que yo hubiera elegido, pero es el que me ha tocado para seguir adelante y tengo que respetarlo. No puedo pedirle a mi cuerpo que corra una marat&oacute;n cuando todav&iacute;a est&aacute; aprendiendo a caminar de nuevo. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> A cualquiera que lea esto, le dir&iacute;a que no me juzgue por mi falta de energ&iacute;a o por mi mirada perdida. Tengo 22 a&ntilde;os y no es que no quiera esforzarme, es que estoy librando una batalla interna que consume todas mis reservas. La medicaci&oacute;n es mi armadura, pero es una armadura muy pesada que me cansa solo de llevarla puesta. Espero que alg&uacute;n d&iacute;a pueda quit&aacute;rmela y caminar ligera, pero mientras tanto, sigo aqu&iacute;, paso a paso, intentando que el motor no se pare del todo y esperando que, poco a poco, la luz de cada ma&ntilde;ana deje de pesar tanto y empiece a brillar de nuevo, pero esta vez de verdad. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una mujer describe el impacto cotidiano de vivir bajo un tratamiento combinado de antidepresivos, ansiol\u00edticos e hipn\u00f3ticos y el ritmo de vida de una persona con ansiedad y depresi\u00f3n. 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