{"id":4619,"date":"2026-10-24T03:57:13","date_gmt":"2026-10-24T06:57:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.eldiarioar.com\/opinion\/hombre-letra-muda_129_13611497.html"},"modified":"2026-10-24T03:57:13","modified_gmt":"2026-10-24T06:57:13","slug":"el-hombre-de-la-letra-muda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/?p=4619","title":{"rendered":"El hombre de la letra muda"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/ce9db91e-e65f-4728-90cc-eaa06a349028_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\"><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/static.eldiario.es\/clip\/ce9db91e-e65f-4728-90cc-eaa06a349028_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg\" width=\"1200\" height=\"675\" alt=\"El hombre de la letra muda\"><\/p>\n<div class=\"subtitles\">\n<p class=\"subtitle\">Ney Matogrosso, ese artista que no se parece a nada salvo a s\u00ed mismo, el que hace medio siglo, con el grupo Secos e Molhados, dio vuelta el mundo de la canci\u00f3n y a los 85 a\u00f1os sigue teniendo una voz de otro mundo, el que es capaz de convertir en suya cualquier canci\u00f3n, vuelve a Buenos Aires. Como parte de su gira Bloco Na Rua se presentar\u00e1 el pr\u00f3ximo viernes 30 en el Teatro Gran Rex. Novedades y rescates en la red, entre las redes.<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"article-text\"> &ldquo;Todo es cierto, como dos y dos son cinco&rdquo;, canta <strong>Ney Matogrosso<\/strong>. La canci&oacute;n, &ldquo;Como 2 y 2&rdquo;, cierra su disco <em>Bloco na Rua<\/em>, publicado en 2019. <strong>Caetano Veloso<\/strong> compuso esa pieza cercana al Rhythm &amp; Blues en su exilio londinense, en 1971. La pens&oacute; para <strong>Roberto Carlos<\/strong> y ese mismo a&ntilde;o la grabaron &eacute;l y, en vivo, <strong>Gal Costa<\/strong>. La canci&oacute;n parece hablar de una cosa y habla de otra. Y Matogrosso, un artista de la metamorfosis, la transforma, durante su comienzo, a solas con un piano, en un canto desgarrado. <\/p>\n<figure class=\"embed-container embed-container--type-embed \">  <\/figure>\n<p class=\"article-text\"> &ldquo;Todo silencio grita&rdquo;, cantaba Ney Matogrosso en una visita anterior a Buenos Aires. &ldquo;Toda manzana tiene veneno&#8230;, todo lo que es todo tiene tambi&eacute;n parte, todo fin comienza, todo amor tropieza&rdquo;, dec&iacute;a en una de las canciones que estrenaba en ese momento, &ldquo;Todo mundo o tempo todo&rdquo;, de <strong>Dan Nakagawa<\/strong>. Un juego de contrarios que se plasmaba en la propia escena. Y en el caso de Ney Matogrosso, ya se sabe, aunque nada ser&iacute;a exactamente lo que es sin la m&uacute;sica, no se trata s&oacute;lo de ella. Y este viernes 30, en el Teatro Gran Rex, como parte de su gira <em>Bloco Na rua<\/em>, que lleva el t&iacute;tulo de su &uacute;ltimo disco (hasta el momento), volver&aacute; a revivir ese extra&ntilde;o sortilegio para el p&uacute;blico porte&ntilde;o. <\/p>\n<figure class=\"embed-container embed-container--type-embed \">  <\/figure>\n<p class=\"article-text\"> Aquel hijo de militar que, a los 17 a&ntilde;os, entr&oacute; en la Fuerza A&eacute;rea Brasile&ntilde;a para encauzar en ciertos l&iacute;mites lo que no pod&iacute;a delimitarse &ndash;pero s&iacute;, m&aacute;s tarde, desmilitarizarse&ndash;; ese que se llam&oacute; Ney de Souza Pereira, seg&uacute;n su partida de nacimiento fechada en Bela Vista el 1 de agosto de 1941; el &ldquo;Hombre con H&rdquo;, esa letra muda, esa canci&oacute;n de 1991 y esa pel&iacute;cula de <strong>Esmir Filho<\/strong> estrenada el a&ntilde;o pasado que, a partir de un libro de &nbsp;<strong>Julio Maria<\/strong>, cont&oacute; su historia. El que dibuj&oacute; una aventura art&iacute;stica extraordinaria en la que, precisamente, los l&iacute;mites se borran permanentemente. Como si se tratara de un esp&eacute;cimen &uacute;nico de una &uacute;nica especie, Matogrosso canta con una voz que no se parece a nada &ndash;y todav&iacute;a lo hace, a los 85 a&ntilde;os&ndash;, que no es ni masculina ni femenina (o que es ambas a la vez), como su propia imagen, fascinante, hipn&oacute;tica, sin edad, sin un sexo &uacute;nico, y donde el m&aacute;ximo artificio est&aacute;, precisamente, en donde no hay artificio alguno: en su manera de interpretar. En c&oacute;mo deja el sonido vibrando en el espacio; en c&oacute;mo logra que palabras sueltas cobren la dimensi&oacute;n del universo; en esos momentos de intimidad en que consigue que, a su alrededor, se detenga el mundo. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> Dos actuaciones, situadas en el comienzo de una trayectoria larga y ejemplar, hace ya m&aacute;s de medio siglo, y en el presente, casi antag&oacute;nicas entre s&iacute;, muestran, en rigor, lo que las une. En la primera de ellas, el 10 de febrero de 1974 y en el Maracan&atilde;zinho de Rio de Janeiro, con <strong>Secos e Molhados<\/strong>, el grupo con el que debut&oacute; y que dio vuelta como una media al mundo de la canci&oacute;n brasile&ntilde;a, interpreta una de las canciones m&aacute;s impactantes y perfectas de la historia. &ldquo;La rosa hereditaria \/ La rosa radioactiva \/ Est&uacute;pida e inv&aacute;lida \/ La rosa con cirrosis \/ La anti-rosa at&oacute;mica \/ Sin color sin perfume \/ Sin rosa sin nada&rdquo; conclu&iacute;a &ldquo;La rosa de Hiroshima&rdquo;, el poema que <strong>Vinicius de Moraes<\/strong> hab&iacute;a escrito en 1946 y sobre el que <strong>Gerson Conrad<\/strong>, uno de los guitarristas de la banda, hab&iacute;a compuesto la pieza. Matogrosso la canta, o m&aacute;s bien la vive, la posee, la llena de extra&ntilde;amiento, la hace &ldquo;muda, telep&aacute;tica&rdquo; desde la m&aacute;scara y el disfraz que, en este caso, no ocultan. Ponen en escena invenciones y, entre ellas, la m&aacute;s sorprendente de todas. La de un ser m&aacute;s all&aacute; de cualquier frontera que, desde ese territorio fantasm&aacute;tico, reinventa cada canci&oacute;n y la convierte en un objeto raro y singular. En algo imprescindible. <\/p>\n<p class=\"article-text\"> En la segunda actuaci&oacute;n, sin maquillaje alguno, en el &iacute;ntimo, casi desnudo, Tiny Desk, Matogrosso actu&oacute; en noviembre del a&ntilde;o pasado. Con una banda m&iacute;nima que, no obstante, apenas cab&iacute;a en ese escritorio min&uacute;sculo (<strong>Sacha Amback<\/strong> en teclados, <strong>Aquiles Moraes<\/strong> en trompeta y flugelhorn, <strong>Everson Moraes<\/strong> en tromb&oacute;n, <strong>Felipe Roseno<\/strong> en percusi&oacute;n, <strong>Dunga<\/strong> en contrabajo, <strong>Marcos Suzano<\/strong> en bater&iacute;a y <strong>Maur&iacute;cio Almeida<\/strong> en guitarra), interpret&oacute; cinco canciones, entre ellas la fundante &ldquo;Sangue latino&rdquo;, que lo acompa&ntilde;a desde los tiempos de Secos e Molhados y que &eacute;l volvi&oacute; a grabar en su disco <em>Pecado<\/em>, de 1977. Y esa presentaci&oacute;n reciente, con la voz intacta o a&uacute;n mejor, si es que tal cosa es posible, mostr&oacute; que su notable capacidad interpretativa, el teatro incluso, utiliza el dispositivo esc&eacute;nico, se apoya en &eacute;l y lo explota al m&aacute;ximo, pero se construye sobre otro pilar: &eacute;l mismo. Ese gran objeto de arte llamado Ney Matogrosso. <\/p>\n<figure class=\"embed-container embed-container--type-youtube ratio\">\n window.marfeel.cmd.push([&#8216;multimedia&#8217;, function(multimedia) { multimedia.initializeItem(&#8216;yt-DwVc0G3IKU4-9888&#8217;, &#8216;youtube&#8217;, &#8216;DwVc0G3IKU4&#8217;, document.getElementById(&#8216;yt-DwVc0G3IKU4-9888&#8217;)); }]);<br \/>\n  <\/figure>\n<figure class=\"embed-container embed-container--type-youtube ratio\">\n window.marfeel.cmd.push([&#8216;multimedia&#8217;, function(multimedia) { multimedia.initializeItem(&#8216;yt-yvG_sA6DTdU-8459&#8217;, &#8216;youtube&#8217;, &#8216;yvG_sA6DTdU&#8217;, document.getElementById(&#8216;yt-yvG_sA6DTdU-8459&#8217;)); }]);<br \/>\n  <\/figure>\n<p class=\"article-text\"> Dos discos dedicados a dos de los grandes nombres de la m&uacute;sica brasile&ntilde;a de tradici&oacute;n popular, <strong>Cartola<\/strong> y <strong>Chico Buarque<\/strong>,<strong> <\/strong>exponen, de manera transparente, esa capacidad de convertir al mundo en su mundo y devolverlo transformado. All&iacute; trabaja sobre universos aparentemente cerrados, autocontenidos. Nada podr&iacute;a agregarse que no estuviera ya desde el principio. Y, sin embargo, Matogrosso lo hace. En <em>Um brasileiro<\/em>, de 1996 (dedicado a Buarque) y en <em>Ney Matogrosso interpreta Cartola<\/em>, de 2002, parte de lo monogr&aacute;fico para desplegar la diversidad de su propia sensibilidad interpretativa. Y, como esos grandes actores capaces de mostrar a Hamlet como si fuera la primera vez, hace que Cartola y Chico sean otros sin dejar de ser ellos mismos. Siempre, en todo caso, es capaz de convertir en propias las est&eacute;ticas m&aacute;s dispares. &ldquo;As Ilhas&rdquo; (las islas), con texto de <strong>Geraldo Eraldo Carneiro<\/strong>, y &ldquo;1964&rdquo;, sobre un poema de <strong>Jorge Luis Borges<\/strong>, esas dos canciones grabadas con <strong>Astor Piazzolla<\/strong> y su grupo italiano en noviembre de 1974, casi al principio de su carrera. &nbsp;El rock&rsquo;n roll. El bolero. Chico, Caetano, la m&uacute;sica caipira, el melodrama. El carnaval y el cabaret. La miel de su voz y la selva. Ese <em>mundo Matogrosso<\/em>. <\/p>\n<figure class=\"embed-container embed-container--type-embed \">  <\/figure>\n<p class=\"article-text\"> <em>Diego Fischerman es autor del blog Apuntes: <\/em><a href=\"https:\/\/diegofischerman.blogspot.com\/\" target=\"_blank\" data-mrf-recirculation=\"links-noticia\" class=\"link\"><em><strong>https:\/\/diegofischerman.blogspot.com\/<\/strong><\/em><\/a> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ney Matogrosso, ese artista que no se parece a nada salvo a s\u00ed mismo, el que hace medio siglo, con el grupo Secos e Molhados, dio vuelta el mundo de la canci\u00f3n y a los 85 a\u00f1os sigue teniendo una voz de otro mundo, el que es capaz de convertir en suya cualquier canci\u00f3n, vuelve [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":4620,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[3],"tags":[],"class_list":["post-4619","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-nacionales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4619","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4619"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4619\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/4620"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4619"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4619"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/editorialcatamarca.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4619"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}