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San Fernando del Valle de Catamarca
viernes, octubre 30, 2026

LA AMNESIA BORRACHA DE LA POLÍTICA CATAMARQUEÑA

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En Catamarca hay algo más peligroso que los discursos vacíos: la memoria selectiva.
Y para inaugurar este espacio de opinión, entre tantos temas posibles de la política local, apareció uno que no requiere grandes investigaciones ni archivos secretos. Apenas memoria. Algo que, evidentemente, escasea bastante en algunos sectores de la dirigencia catamarqueña.
Recorriendo redes sociales y perfiles políticos, me encontré con un reel del diputado opositor Tiago Puente, donde cuestiona al gobierno de Raúl Jalil por el crecimiento del empleo público desde 2011 hasta la actualidad.
El planteo, en términos democráticos, es válido. Discutir el tamaño del Estado, la eficiencia administrativa y el gasto público siempre debería formar parte de una discusión política seria.
El problema aparece cuando algunos dirigentes hablan como si la historia de Catamarca hubiese comenzado ayer.
O peor aún: como si padecieran una especie de “amnesia borracha” que les permite recordar solamente aquello que les conviene.
Porque el diputado Tiago Puente pareciera olvidar que el espacio político que lo formó y lo proyectó —el extinto Frente Cívico y Social— dejó antes de abandonar el poder una de las bombas administrativas más grandes de la historia reciente de la provincia.
Más de 5.000 pases a planta permanente firmados durante la salida del gobierno de Eduardo Brizuela del Moral.
Cinco mil.
No se trató de una medida aislada ni de una casualidad administrativa. Fue una decisión política tomada en el ocaso de una gestión que ya había perdido el respaldo popular y que dejó un escenario completamente condicionado para la administración entrante de Lucía Corpacci.
En aquel entonces, gran parte del radicalismo y de los partidos que integraban el FCyS celebraban aquella maniobra creyendo que la nueva gobernadora kirchnerista anularía los decretos y quedaría enfrentada a miles de familias catamarqueñas.
No ocurrió.
Y Catamarca heredó una estructura estatal mucho más pesada, compleja y difícil de administrar.
Por eso resulta, cuanto menos, curioso escuchar hoy discursos indignados sobre el empleo público provenientes de dirigentes que parecen haber olvidado las raíces políticas de las que vienen.
Porque la memoria política no puede funcionar como un menú a la carta donde solamente se recuerdan los errores ajenos y se esconden debajo de la alfombra las propias responsabilidades.
Y si realmente existe preocupación por el gasto del Estado, quizás el primer gesto debería empezar por casa.
Tal vez sería interesante que el diputado Tiago Puente reduzca la planta política de su propia oficina legislativa y dé un ejemplo concreto de austeridad.
Sería un mensaje mucho más potente que cualquier reel.
Porque las convicciones reales no se actúan para las redes sociales.
Se sostienen con coherencia.
Y en política, muchas veces, el problema no es la falta de memoria.
Es fingir demencia.

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